¡No podemos fallar,
debemos hacer bien las cosas!

¡Momentos extraordinarios requieren Acciones extraordinarias!


Con esta carta me dirijo a todas las personas que creen que garantizar unos mínimos de protección social y cuidados de todas y todos, en especial de los más vulnerables, debe ser Prioridad del Estado.

Asímismo, me dirijo a quienes piensan que es deber de los gestores, tanto políticos como funcionarios, y de todos nosotros, los ciudadanos, el mantener, cuidar y mejorar las instituciones públicas, que son el Corazón de nuestro estado del bienestar.

Y, de forma especial, hago un llamado a todos aquellos que, desde su militancia política o social, están comprometidos con el cambio hacia una sociedad más justa. A ellos les agradezco su compromiso y les recuerdo que los ideales se convierten en "papel mojado" si sólo se fundamentan en teorías y supuestos, pero no toman en consideración la realidad de la gente.

¿Cuál es mi motivación?

Este mensaje nace de muchos momentos de reflexión personal, de conversaciones en la calle, con vecinas y vecinos, con las y los compañeros de trabajo, en las reuniones familiares y en las salas de clase y de espera. Creo refleja un sentimiento mayoritario que necesita expresarse con claridad y firmeza.

Llevamos ya demasiado tiempo en el que sentimos que los asuntos (de los) políticos poco tienen que ver con nosotros, con los problemas reales de la gente. Que son solo ruido, intercambio de reproches, ambiciones personales y reparto de favores.

Especialmente abandonados se sienten las y los más jóvenes —quienes estudian, buscan su primer empleo o intentan construir un proyecto de vida—. Entre ellas y ellos existe la sensación de que el sistema les es ajeno, distante e indiferente.

Sin embargo, más allá de la apatía o el desinterés, compartimos una preocupación profunda al ver cómo la vida cotidiana se vuelve cada vez más precaria e incierta.

El patrimonio que nos iguala a todos

A veces percibimos a las instituciones como un conjunto de funcionarios que trabajan poco, largos trámites burocráticos, grandes estructuras a traves de las cuales los políticos se reparten aldo más que el poder. Pero su verdadera función es ser el corazón de nuestro bienestar . Las instituciones son el patrimonio de quienes no tienen grandes fortunas en el banco; son el gran Contrato Social que garantiza que, sin importar el origen de cada persona, todos tengamos derecho a una vida digna y a un trato justo.

Son estas instituciones las que proveen los servicios esenciales que nos sostienen:

Existe un peligro real para nuestro país

Hoy, este Patrimonio Común se encuentra en peligro:

¡El riesgo es evidente!
¡Convertir nuestros derechos fundamentales en productos del mercado!

No es mi intención demonizar a las empresas privadas. Su rol es importante: son creadoras de riqueza, empleo y servicios. Ayudan a vertebrar la sociedad.

Sin embargo, con el legítimo derecho del empresario a obtener ganancias (a lucrarse) es con lo que colisiona la responsabilidad del estado de garantizar mínimos de bienestar para todos.

Así, si se delega el rol de nuestras instituciones en el mercado, la calidad de nuestra salud, educación, seguridad o cuidados pasará a depender exclusivamente de la capacidad económica de cada uno . Quienes más están sufriéndo con este retroceso son las personas más vulnerables y los jóvenes, que se enfrentan a un horizonte de servicios devaluados y menores oportunidades.

Vivimos tiempos históricos excepcionales

Dado lo crítico de la coyuntura actual, tenemos la obligación de concentrar todos nuestros esfuerzos en defender lo que, con tantos esfuezos y sacrificios, hemos construido entre todas y todos.

Debemos trabajar con tesón para el fortalecimiento las instituciones, para que sean dotadas de los recursos que necesitan y que vuelvan a funcionar con plena capacidad y eficiencia, al servicio de la sociedad.

Asumir esta obligación implica hacer sacrificios: deberemos poner en un segundo plano las banderas que simbolizan a esa sociedad mejor a la que aspiramos y que ilumina nuestros pensamientos y acciones.

No se trata de renunciar a construir la sociedad que refleje nuestros ideales, se trata de atender las necesidades urgentes y priorizar la defensa y fortalezimiento de las instituciones. De lo contrario, corremos el grave riesgo de dejar nuestro país en manos de quienes lo quieren todo para sí mismos a costa de todos los demás.

¡Atravesamos un momento crítico!
Si dejamos caer el sistema que nos sostiene, las consecuencias las pagaremos todos por igual.

Nuestro esfuerzo, nuestras reglas: El control ciudadano

Defender nuestras instituciones no significa dar un cheque en blanco a quienes las administran. Al contrario. Estos servicios se mantienen gracias al trabajo, los impuestos y el esfuerzo de toda la ciudadanía. Nos pertenecen a todos.

Como parte de este Contrato Social resulta imprescindible que ejerzamos un control ciudadano riguroso sobre la gestión institucional. Tenemos el derecho y el deber de vigilar qué hacen los representantes políticos con los recursos de todos. No podemos tolerar opacidades ni permitir que las instituciones se utilicen para intereses particulares en lugar de servir al bien común.

La llamada a la responsabilidad compartida

No hace falta afiliarse a ninguna organización política para dar este paso. Solo hace falta dejar de mirar hacia otro lado y reconocer que el bienestar personal y social está directamente ligado a la fortaleza de nuestras instituciones

Cuidar los servicios de todos es cuidar de nuestra propia vida, de nuestro futuro y del de las generaciones venideras. Hagamos oír nuestra voz con razones claras, exijamos rigor en la gestión y protejamos las instituciones que nos protegen.

¡Dejémosnos de tonterías!
No debemos arriesgar el futuro de todos por unas siglas, doctrina, ego, discursos identitarios o por soberbia moral o intelectual!

Nuestro país tiene una sociedad diversa: realidades diversas, necesidades diversas, sueños y deseos diversos. Recorramos las calles, conozcamos a nuestros vecinos, compañeros de trabajo, de estudio, de equipo de fútbol. Compartamos la vida, quienes somos y qué queremos, de qué nos reimos y por qué lloramos.

¡Solo así sabremos bien que país somos y que país queremos ser!

¡Objetivos comunes y la unidad en la acción, son el único camino posible!

Contrato Social
Contacto contacto@contratosocial.org
Desde un pueblo de Asturias, a 18 de enero de 2026.


PD: Me habría gustado enviar anes esta carta, pero las vicisitudes de la vida no me lo habían permitido. O.G.